Sudáfrica sufre una de las paradojas más duras del mundo. Mientras los ríos fluyen, los campos se extienden hasta donde alcanza la vista y las estaciones varían, estas riquezas naturales se convierten en una pesada carga en un continente que posee más del 60% de las tierras agrícolas no utilizadas del mundo, pero gasta más de 80 mil millones de dólares anuales en importaciones de alimentos.
Estas cifras ilustran la magnitud de la creciente crisis humanitaria, ya que un participante en un foro agrícola señaló que más de 300 millones de personas solo en África están amenazadas por el hambre, lo que representa el 20% de la población del continente.
Un informe afirma que Sudán representa un modelo vivo de esta paradoja «trágica», y añade que el país, durante mucho tiempo visto como un posible granero para África, ha visto vastas partes de su territorio convertirse en zonas de guerra y conflicto, mientras que la sequía ha afectado a otras áreas.
Los expertos agrícolas creen que la crisis en la agricultura de Sudán no está vinculada a la escasez de recursos tanto como a la ausencia de planificación y a las políticas agrícolas fluctuantes. Un experto agrícola confirma que la crisis radica en la falta de una política agrícola que proteja al agricultor, dirija la investigación agrícola, apoye las exportaciones y la manufactura, y garantice que el agricultor no quede luchando solo sin suficiente apoyo tecnológico ni investigación agrícola.
Impactos de las crisis en la agricultura
Desde otro ángulo, el informe señala las repercusiones de las crisis regionales en la producción agrícola. Entre puertos afectados por interrupciones en la navegación en un área y la expansión de tensiones en otra, el ciclo de producción agrícola se ha estancado, y el precio de una bolsa de fertilizante en algunas regiones saltó de unos 10 dólares a 50 dólares.
Los efectos de la guerra de Ucrania tampoco han estado ausentes en el panorama agrícola sudanés, ya que los precios del combustible se triplicaron como resultado, en un momento en que se confirma que unos 20 millones de personas sufren inseguridad alimentaria grave en Sudán.
A pesar de este panorama, el gobierno sudanés apuesta, como se aclara en el informe, por un plan ambicioso que apunta a cultivar 25 millones de acres.
Jartum espera a través de este plan restaurar parte del papel agrícola por el que Sudán ha sido conocido durante décadas. Sin embargo, los expertos creen que la guerra furiosa continúa proyectando su sombra tanto sobre la tierra como sobre las personas, amenazando con frustrar cualquier esfuerzo agrícola antes de que siquiera comience.
Desde el estallido de la guerra entre dos facciones en abril de 2023, las ciudades sudanesas se han convertido en campos de batalla y corredores de desplazamiento. El conflicto ha resultado en la muerte de decenas de miles, el desplazamiento de millones y la transformación de millones más en filas de personas hambrientas y sin hogar en áreas remotas sin agua, electricidad ni servicios de salud.